#HISTORIAS INNOVA
Las sillas de madera plegables ya están colocadas. Bajo la sombra de los plataneros, no hay aún actores pero sí público, todo indica que algo está a punto de comenzar. En muchos pueblos, esa escena sencilla es una señal inequívoca: habrá encuentro, conversación, cultura compartida. Y esto, en territorios en riesgo de despoblación, es mucho más que ocio.
Ese es el espíritu de Kul, cultura en el corazón del pueblo, una iniciativa apoyada por el Programa Innova y promovida por la compañía navarra TDiferencia, que impulsa la creación temporal de espacios culturales en municipios en alto riesgo de despoblación. Durante los meses del verano pasado, el proyecto ha activado plazas y espacios cotidianos en varias localidades navarras, llenándolos de talleres, procesos artísticos y, especialmente en verano, de teatro, danza y música. Cada localidad disfrutaba en viernes, sábado o domingo de una actuación cultural. Además, se realizaron formaciones de mayor duración. Los pueblos elegidos en esta edición fueron Oroz-Betelu, Obanos y Desojo.
En este último municipio, la asociación La Desojana, formalmente constituida en 2023 aunque con más de una década de trabajo previo, ha sido clave en la acogida del proyecto. Hablo con dos de sus integrantes, Verónica Oliver Pérez y Asier Soria Pérez. “Qué salga el segundo apellido, por favor” me espetaron ambos. ¡Cómo no iba a salir!
Tanto Asier como Verónica lo tienen claro: “trabajamos para que no muera la actividad sociocultural en el pueblo”. El año anterior conocieron el proyecto Kul en la localidad de Sansol y quisieron traerlo a Desojo. Aunque el contacto llegó a través de TDiferencia. “Conocían el tejido asociativo local y sabían que podríamos sostener la propuesta”. El Ayuntamiento respaldó la iniciativa y las redes personales hicieron el resto.
Lo vivido durante el verano superó las expectativas. “Tener programación durante todo el verano ha sido una maravilla. Eso no lo tenemos en los pueblos”, cuentan. “Pero el impacto no fue solo artístico. Los talleres formativos conectaron a infancia y personas mayores, generando un espacio intergeneracional poco habitual”. En Desojo no se vivió como un simple circuito de actuaciones. “No ha sido venir, hacer una obra y marcharse. Ha sido reivindicativo por las temáticas que trataban las obras”, señalan. El teatro no se planteó solo como entretenimiento, sino como herramienta de transformación social. Ese matiz es importante en zonas que luchan contra la despoblación. Porque “aquí la cultura no compite con la oferta urbana: cumple una función estructural. Genera comunidad, crea conversación, fortalece vínculos y recuerda que el pueblo sigue vivo.”
Eso sí, advierten: “No es sostenible sin financiación. Que se acuerden de los pueblos, por favor”. Y es que… la despoblación no se combate solo con infraestructuras o estadísticas. También se enfrenta generando sentido de pertenencia, espacios de encuentro y razones para quedarse o… para volver.
Se escuchan los aplausos, se apagan las luces, y las sillas de madera se pliegan de nuevo bajo los plataneros. Pero estas sillas no son solo mobiliario improvisado, vital en todo pueblo que se precie. Son una declaración. Nos anuncian que el pueblo sigue dispuesto a reunirse, a escucharse, a acoger, a pensarse. Kul demuestra así que la cultura no es un lujo periférico, sino una herramienta de cohesión y transformación. Allí donde algunos ven sombra, el teatro, la música y la palabra están arrojando luz. Y esa luz, aunque nazca en una plaza pequeña o en una bodega sombría, puede proyectarse mucho más lejos.
Para saber más: https://www.tdiferencia.com/kul
Iñigo Oses Maestro,
facilitador de la Red del Programa Innova