Esto no se olvida

Esto no se olvida

Esto no se olvida 2560 1553 Programa Innova

#HISTORIAS INNOVA

Isabel echa la vista atrás y sonríe. “Siempre me ha resultado difícil explicar esta obra, porque explicarla no es como vivirla”. Y es que La Velocidad de la Luz, la creación del director argentino Marco Canale, producida por los festivales Teatrodix y Arbola, ha sido para ella y para muchos otros mayores de Pamplona una experiencia inigualable. “Fue entrañable, inolvidable… me alegro tanto de haber estado ahí”.

Isabel, jubilada desde hace tiempo y miembro del coro Muthiko Alaiak, se sumó al proyecto sin saber muy bien a qué se enfrentaba, se dejó llevar por la intuición. “Me gustó, pero no entendí nada. Dije ‘Voy a participar’, pero la verdad… no sé de qué va. Luego, cuando conocimos a Marco… es que te gana. Te va metiendo poco a poco, sin darte cuenta”. La obra les propuso a los participantes escribir y compartir sus memorias más personales, sus historias de vida. Una de las historias fue la de Isabel, un episodio duro de separación familiar en su infancia, que terminó en reencuentro. Su historia fue escuchada por su familia, sus hijos. “Nunca lo había contado antes. Y ahí estaba, con todos ellos delante. Fue muy emocionante”.

Terentxo, txistulari desde los once años y miembro del grupo Dantza Ortzadar, como él mismo dice, se encontró “metido en una movida que no sabía ni lo que era”. Pero no le costó conectar. “Nos pidieron una historia, algo que nos hubiera marcado. Y con la edad que tenemos, historias no faltan”. La que decidió contar fue una anécdota, entre cómica y muy dolorosa, resultado de jugar a la pelota para “desengrasar la resaca” que terminó convirtiéndose en una escena con nombre propio en la obra: el huevo de avestruz. “Todo el mundo se reía, claro. Yo también. Estuvo muy bien.”

Ambas historias —y muchas más— fueron recogidas por Marco y transformadas en parte de una obra colectiva que se desarrollaba por el casco viejo de Pamploma. “Tú contabas tu historia, luego la leían otras personas en casas del casco viejo, y al final, en el teatro, algunas se representaban. Nadie sabía cuál iba a salir. Pero lo bonito era que todo el público participaba”, recuerda Isabel.

Pero más allá de lo teatral, ambos coinciden en lo mismo: lo que les ha aportado esta experiencia ha sido enorme. “Nos hemos encontrado con gente maravillosa, muchos sin conocernos de nada, y ha habido una conexión tan bonita…”, dice Isabel. Y Tererentxo añade, “nos hemos juntado 50 personas, y todos, fenomenal. Como si tuviéramos 20 años. Hicimos también alguna comida. Ha sido estupendo”.

“Yo no sé si me ha cambiado la vida, pero me ha hecho mucho bien”, cuenta Isabel.

La Velocidad de la Luz ha pasado por ciudades como Buenos Aires, Tokio, Cádiz o Santiago de Chile, y en cada lugar toma una forma distinta, con los recuerdos reales de las personas mayores que participan. En Pamplona, lo hizo con voces como la de Isabel, Terentxo, María Ángeles, Maristu, Maria Jose, Ana, Pepa, Lolintxe, Nieves, Bingen, Orreaga, Pablo, Reme, Ione, Txol, Carmen, Ana, Patxi, Maria Luisa, Mariángeles, Maialen, Blanca, Marisa, Rosa, Maite, Arantxa, Ricardo, Juana Mari, Beni, Juana, Walid, Amaia, Reyes, Marisol y muchas personas más. Voces que no suelen estar en el centro del escenario, pero que sin lugar a duda, brillaron con fuerza.

 

Mia Coll Mariné,
responsable de comunicación del Programa Innova

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