#HISTORIAS INNOVA
Hay historias que empiezan en lo cotidiano. La de Haizea Satóstegui también. Cuando nos conocemos, me habla de su día a día, de las mañanas en la Asociación Síndrome de Down, donde la están acompañando en la búsqueda de trabajo. Le han surgido dos oportunidades de trabajo: una de jardinería y otra en una gasolinera. Me comenta que no tiene preferencia, que simplemente quiere empezar a trabajar. También me habla de su “bombón”, su pareja, con quien lleva más de diez años compartiendo vida.
Su historia empieza ahí, en las ganas de hacer cosas y de ir construyendo una vida propia.
El carnet de conducir llegó como una posibilidad. Fue su madre quien leyó sobre el proyecto “Cambiamos de marcha” de APANA (Asociación Provincial de Autoescuelas de Navarra) en el diario y se lo propuso. Haizea decidió intentarlo. Y así comenzó un proceso que no sería rápido ni sencillo, pero en el que Haizea se mantuvo constante hasta conseguirlo.
Primero vino la preparación, en la Asociación José María Iribarren. Allí empezaron a trabajar la teoría con materiales en lectura fácil, adaptando los contenidos y el ritmo para poder entenderlos bien. Incluso salieron al Parque Polo, donde pudieron acercarse de forma más práctica a lo que luego sería la conducción. En algunas de estas sesiones, además, contaron con el apoyo de agentes de la Policía Municipal. Después llegó la fase más intensa, ya en APANA: tres tardes a la semana, durante horas, repasando contenidos y haciendo test.
Cuando aprobó la teoría en diciembre, empezó otra etapa. Pasó muchas horas en el simulador —“soy experta”, dice orgullosa— antes de enfrentarse al coche real. Y, por fin, las prácticas: la carretera, los nervios, los errores, los avances. También la relación con David, su profesor, del que guarda muy buen recuerdo y al que todavía va a ver de vez en cuando.
“No todo el mundo va al mismo ritmo”, me dicen desde APANA. Y en ese camino, lo importante no era solo aprender a conducir, sino hacerlo acompañada.
Tener el carnet le ha abierto puertas. Literalmente. Ahora puede optar a trabajos que antes quedaban fuera por no cumplir ese requisito. Puede moverse con más libertad, sin depender de que alguien la lleve o la traiga. “Te da independencia”, dice. Pero también es otra cosa. Es poder imaginar planes, viajes, escapadas. Este verano quiere ir a Tarragona.
Haizea habla de todo esto sin grandilocuencias. Siendo algo natural. Y es que lo debería ser.
