#HISTORIAS INNOVA
Tejiendo la despensa es uno de esos proyectos pergeñados a fuego lento, como el buen pan. Y ha sido posible gracias a un proceso laborioso en el que el tiempo ha sido crucial, como lo es en la elaboración de la levadura madre.
La misión del proyecto, que se desarrolla en la merindad de Sangüesa, es promover un ecosistema social sensible, consciente del potencial transformador del acto vital de la alimentación mediante la articulación de los diferentes agentes implicados en la cadena alimentaria para favorecer el acceso de alimentos KM0 a la población rural y reforzar el tejido socioeconómico local. En definitiva, un proyecto de soberanía alimentaria.
Iosu Ortigosa es una de las personas miembro de la Panadería de Lakabe, un proyecto comunitario y pionero en Navarra, en el que se encarga de la parte que tiene que ver con las redes humanas y profesionales de las que este proyecto forma parte (Bizilur, EHko, Ekomercado o Eokalde) y que son necesarias para la venta del producto que elaboran en la panadería. Digamos que es una de las caras visibles. Y precisamente en ese tejer puentes fue como conoció la iniciativa todavía embrionaria cuando, hace ya seis años, algunos particulares y representantes municipales se sentaron a compartir sus inquietudes en torno a la alimentación y sus implicaciones para el territorio y las personas que lo habitan. Impulsado por Cederna Garalur, grupo de acción local de la zona, comenzaba entonces un lento pero tenaz proceso diagnóstico de situación a través de mesas de trabajo, mapeo de productores (tejedores y tejedoras), de actores clave como la hostelería y comercio y por último un trabajo de sensibilización y puesta en valor del modelo de cara a la presentación pública de la iniciativa a la sociedad en donde se encuentran los consumidores finales.
Una vez ordenado todo el sistema, pasaron a la acción a través de la implementación de un proyecto piloto logístico en el que se articulará la oferta (ofrecida por los tejedores y tejedoras) y la demanda (comercios o grupos de consumo). Todo ello en un territorio claramente aquejado de una fuerte despoblación y con una orografía compleja en lo que a la movilidad y servicios se refiere.
Es en este contexto en donde Iosu nos comenta que para la panadería el proyecto les ha servido para llegar a algunos lugares que no llegaban a pesar de estar “más cerca” que su punto de venta y distribución habitual, Pamplona. Hasta ahora, la mentada orografía, el gasto en combustibles que suponía para el volumen de ventas lo hacía inviable. «Digamos que, paradójicamente, poder llegar a nuestro territorio era más una aspiración a nivel colectivo que algo que viéramos cercano. En cambio, ahora, gracias a Tejiendo la despensa al compartir los pedidos y el reparto hemos podido llegar a estas localidades y valles vecinos».
Preguntado por los beneficios del proyecto le asalta de nuevo la realidad en la que se desenvuelven, tan compleja que en la panadería tienen problemas para que les llegue determinada mercancía para poder elaborar los productos «porque no les sale a precio a sus proveedores». Por ello, «que exista una iniciativa que genere una nueva manera de consumir creemos que es la mayor ganancia, una especie de sueño». Y bajando al día a día, «el mayor impacto que ha dejado el proyecto es conocernos más, enredarnos, compartiendo cómo lo hacemos para ver de qué manera nos podemos apoyar aunque, no olvidemos que, algunas cosas ya es idiosincrasia propia del Pirineo (auzolan)».
Estos seis años de andadura ponen de manifiesto que la soberanía alimentaria necesita tiempos políticos, sociales y culturales largos: confianza, aprendizaje colectivo, ensayo y error. Forzar resultados rápidos suele romper procesos. Y es que… el buen pan y las políticas transformadoras se estropean cuando se les exige velocidad industrial.
Iñigo Oses Maestro, Mediador del ámbito rural del Programa Innova
Fotografía: Cedida por Panadería Lakabe (aparecida en el artículo digital de CPAEN-NNPEK)
Para saber más: https://tejiendoladespensa.com/